miércoles, 12 de febrero de 2014

Aterrizaje forzoso.

Cuando aterrizamos me iba el pulso a mil por hora. No me gustaban nada los aviones, y justo el día en el que mi nueva vida comenzaba ocurría aquello. Habíamos tenido que aterrizar en el Canal de La Mancha.

"Las luces se habían ido de golpe, el avión comenzó a tambalearse. Se notaba que todos los pasajeros estaban nerviosos. Me agarré con fuerza al brazo de mi asiento, arañando la piel. Aitor me agarró la mano, intentando tranquilizarme, aunque no lo consiguió. 
La voz de una azafata se hizo eco entre las voces de terror de los pasajeros: No se preocupen, vamos a procurar aterrizar en breves momentos. 
Los pasajeros se calmaron, se veía a simple vista, sin embargo yo no conseguía pasarlo. Sabía que algo no iba bien. Y sabía perfectamente quién o qué lo estaba produciendo. 

Ya habían evacuado a la gran mayoría de los pasajeros, tan sólo quedábamos nosotros y un par de chicas que parecían andaluzas. Hablaban entre ellas con nerviosismo.

Nos desalojaron a todos del avión que yacía en el agua, metiéndonos a todos en balsas salvavidas. Nada más arrancar la marcha hacia un ferri cercano que había proporcionado su ayuda, el avión explotó, sin previo aviso. Dibujando en el cielo una gran mancha de humo con forma de runas, las mismas runas que teñían en la piel de Tlachtga con las que había soñado. 
Cuando por fin comenzamos a hablar algo catastrófico había pasado. Una de las chicas había desaparecido."

La joven, que ahora sabíamos que era de Sevilla, se llamaba Mónica y la chica que había desaparecido era su hermana. Iban a Edimburgo por el mismo motivo que nosotros, estaban matriculadas en la  Heriot-Watt. 

Patrullas de marines salieron a la busca de la desaparecida, volviendo todo el rato con noticias desesperanzadoras. Y cada vez que venían con información, yo no podía evitar sentirme culpable, aquello había pasado por mi culpa, por mis sueños... Así que decidí quedarme con la chica hasta que se supiera algo nuevo de ella. Yo tan sólo deseaba que no estuviese muerta. 

-Ya verás que la encuentran -Le dedía a Mónica que estaba cada vez más asustada.

-Eso espero, es mi hermana pequeña... y debía cuidarla -En ése instante, Marcial que era muy empático la abrazó, no la conocía de nada, pero aquello estaba pasando por la culpa de todos. No sólo mía.

domingo, 2 de febrero de 2014

Trayectoria fatidica.

Me desperté jadeante. Otra vez un sueño de esos. Parecía estar continuando al que había sufrido el día que me desperté después de que el árbol me cayera encima. Bueno, también podía ser que al día siguiente iba a Reino Unido con todos mis amigos, a buscar un apartamento que compartir cercano a la universidad. Aunque... yo seguía pensando que éramos demasiados a dormir en una misma casa ¿No serían mejor dos pisos?

Miré el despertador, ya casi era hora de levantarse. Así que me desperecé y me levanté de la cama, descalza. Andé arrastrando los pies hasta el baño de mi habitación, me desnudé y me metí en la ducha. 

Estaba jabonando mi pelo cuando sentí que algo trastabilleaba en el dormitorio. Me asusté. Y rápidamente me enfundé en una toalla y salí del baño. Era Margaret. 

-Enana, me has dado un susto de muerte. Pensé que alguien venía a robarme o algo -Reí con levedad.

-No quiero que te marches, tata...

Suspiré y me senté al lado de mi hermana pequeña, abrazándola contra mí. Yo también la iba a echar mucho de menos. Pero necesitaba alejarme de Santander, aunque fuera por un tiempo. Además, mi sueño había sido estudiar en Edimburgo desde que decidí hacer una filología- Pero... siempre volveré, cariño, siempre. Vendré a verte a menudo... 

La niña asintió. Lo duro que se pagarían las palabras que Thabata acababa de prometer. 

Después de terminar de lavarme decidí vestirme. Había quedado con el grupo en menos de una hora, y Aitor y Robin estaban abajo esperándome ya. Ambos se habían hecho muy buenos amigos, íntimos, diría yo. 

Era inicios de verano, por lo que ya hacía muy bueno. Me puse uno de mis vestidos favoritos, era rosa, de estilo hippie, y siempre me lo ponía con unas cuñas altas, rosas con un lazo delante. Me peiné con un par de trenzas hacia atrás, en el lugar del flequillo, y el resto del pelo suelto. Me maquille de forma natural, yo no era como Mel, que parecía que tenía cara artificial cada vez que se maquillaba.

Bajé con las maletas y unas cajas que tenía que meter en el coche de mi novio- Creo que lo llevo todo... - Aitor me ayudó a meterlo todo en el coche, y tras despedirme, con unas cuantas lágrimas de mi familia, me subí al coche y nos dirigimos a buscar a Rebeca y Jezabel.

Horas después estábamos todos subidos en el avión. Para los próximos días teníamos habitación reservada en un hostal, mientras que buscábamos un piso cercano a la universidad. 
De repente, un fuerte vendabal azotó el avión.
Quisiera deciros que en la historia que escribo en éste blog tiene su propio lenguaje. No pertenece a ningún idioma, puesto que lo he inventado yo. Y obviamente tampoco tiene su propia traducción. 

Siento robaros el tiempo para deciros tal tontería. Sólo quería que lo supieráis. Cualquier similitud con la realidad es pura casualidad. 

Gracias por leerme.

Pdta.: Me gustaría saber si queréis que publique una breve reseña de cada personaje. 

Pdta2.: También podéis encontrarme en https://twitter.com/carlaplash18.

Sueño tras sueño.

"Las puertas se abrieron de golpe. Yo estaba sentada en la cama de sábanas marfil, con la cabeza apoyada en las manos. Esos hombres nos iban a matar, a ambos... y él, que no tenía culpa de nada, moriría por mi culpa. 

-No te preocupes, Tlachtga, conseguiremos escapar de ellos. Te lo prometo. Y pase lo que pase, nada de esto es tu culpa - Dijo él, pareciendo así que me estaba leyendo la mente.

-¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a escapar de aquí? Nos tienen encerrados cuan bucaneros - Las lágrimas comenzaron a resbalar por mis mejillas, no podía creerme que nada de esto estuviera pasando. Ni siquiera había hecho nada para que me tacharan como bruja. Y ahora, me querían quemar en la hoguera. 

Una idea surgió en mi cabeza. Yo jamás había usado la magia, sin embargo, petenecía a una larga estirpe de druidas. No de cualquier druida, sino de darachs. Tenía un grimorio guardado en el baúl de delante de mi cama, tal vez podía encontrar un hechizo que abriera un portal- Ya sé cómo huir de aquí. Pese a que soy bien amada en éste reino, mi linaje me aguarda una muerte maqueavelica... Así que... debemos huir, Latier, debemos huir - Después de decir esto, me levanté de la cama, y arrodillándome delante del baúl, lo abrí. Allí estaba, el grimorio que me había regalado mi madre por mi undecimo cumpleaños, justo un año antes de haber muerto quemada en la hoguera- Aquí está...

Comencé a pasar las hojas, nunca había abierto aquel libro de tapas de piel. En ése momento ciertas runas druídicas habían empezado a dibujarse por mi piel. Ése era mi destino, siempre lo había sido. Y pasando varias hojas, lo encontré. Sólo iba a hacer falta sangre, litros de ella, de una persona amada por ambos, y el único pensamiento en la cabeza de un mundo en el que la magia aún existiera. No como en el mío, que los ciudadanos habían sido recluidos en calabozos, para hacer desaparecer la magia para siempre. 
- Lo tengo -Dije- Pero necesitamos la sangre de...-No supe capaz de decirlo sin emitir un gemido de dolor- Camelia -Era nuestra ama de llaves, había cuidado de mí hasta que fui a mi primera guerra. Liderando a los arqueros, pues no había nadie con mejor puntería que yo. Era como mi segunda madre... aunque tal vez... no hacía falta que muriera. Tal vez podríamos llevarla con nosotros también, y curarla allí. 

Nos dirigimos hacia la habitación contigua, en donde dormía ella. Al vernos, pude distinguir el temor en su mirada- Necesitamos tu ayuda, pero no te preocupes, cuando estemos allí, te salvaremos...te salvaré...-La mostré el  grimorio de mi madre, que tan bien conocía ella. Asintió. Así que con un tarro de cristal, en el que vertíamos la miel para la tos de Latier, que sufría de los bronquios todos los inviernos, y daga en la mano, la hice un corte en la mano, dejando caer gota por gota en el tarro vacío.

Pasaron horas hasta que el tarro se llenó, mi ama estaba desfallecida, pero gracias a ella conseguimos hacer el hechizo que nos llevaría a un nuevo mundo. 

Los tres enlazados de las manos, pensamos en aquel mundo en el que la magia aún persistía, y que lo haría durante muchos siglos. 

-Zrev es dem dustviu sam l' dam luc sexzac -Dije, recitando lo que ponía en, ahora, mi grimorio.

Y entonces, el portal se abrió. Pasamos por él varios baúles con ropajes, doblones, pergaminos y sobretodo, nuestras armas. Empezaríamos una nueva vida allí donde fuéramos. Y así, los tres aún con las manos dadas, cruzamos."

Heriot-Watt University.



Habían pasado meses desde aquel día. Yo había empezado a salir con Aitor. Mis sueños cada vez eran más reales, hasta el punto de despertarme con los pies ensangrentados de correr por las piedras descalza. Había aprendido más o menos a controlar mi don. Aunque cada vez aparecían cosas nuevas que no sabría cómo manejar en un tiempo.

Mis amigos y yo habíamos aprendido a compaginar todo lo que estaba pasando con los estudios, y con una media de notable, todos. Queríamos estudiar en la misma universidad, aunque eso iba a ser difícil, porque yo quería ir a Edimburgo, y el resto… bueno, yo no sabía a dónde querían ir los demás.

A fecha de 19 de Junio. Santander.
Habíamos quedado en el montaditos, tenía que darles una noticia que iba a cambiar nuestras vidas. Sobre todo la mía. No había tenido el valor de decírselo a Aitor.

Cuando llegué estaban todos allí. Me mordisqueé el labio inferior. Me senté junto a ellos y con una sonrisa nerviosa dije – Tengo que contaros algo, chicos.

Todos me miraron impacientes, animándome a hablar sobre ello, aunque todavía ni yo misma me creía que la Heriot-Watt la universidad Escocesa que hace frontera con Edimburgo me hubiera aceptado y me fueran a dar beca para ir allí.

-Me voy de España – No fue la mejor forma de decírselo, pero es la que elegí.

- ¡¿Qué?! – Dijeron todos a unísono, salvo Aitor, que no había dicho ni una sola palabra.

-Me han aceptado en la Heriot-Watt, y me dan beca para ir…

-A nosotras dos también nos han aceptado ahí, no sabíamos si aceptar pero si tú vas… - Dijo Mel, refiriéndose a ella y a Rebeca.

-Sí, y a nosotros –Dijeron los tres chicos a la vez.

Jezabel fue la única que no dijo nada, pues ella tenía que elegir entre ir a Pensilvannia, su sueño de siempre, o venirse con nosotros a Edimburgo.

-¿Jez? – Pregunté.

-¿Qué elijo? ¿Cumplir mi sueño o ir con los amigos sin los que no puedo estar?

-Eso sólo puedes decidirlo tú –Dijo ésta vez mi novio, que llevaba sin hablar desde que había dicho que me iba a Edimburgo – Yo me voy con vosotros, total, para un año que me queda lo puedo hacer en Escocia ¿No?

Le sonreí, no quería que se sintiera obligado a hacerlo, si no que quisiera hacerlo por él. Seguro que tendríamos más oportunidades de todo en Reino Unido que en España.

Y entonces salió el sol y la realidad se impuso.



Mis amigos hicieron lo que debían, primero ayudaron a Aitor a subirme a mi dormitorio, las  chicas me pusieron el pijama y me metieron en la cama. Luego se marcharon. Aitor se quedó en mi dormitorio hasta que volvió mi madre. Aunque yo me desperté antes de que ella llegara.

-Lo siento…

-Eh, no me tienes que pedir perdón, estás enferma. Me quedaré hasta que llegue tu madre, por si necesitas algo.

Asentí y sonreí con levedad, me senté en la cama, y sin avisar ni nada, Aitor aplastó sus labios contra los míos. Tuve la misma sensación que en el sueño. Como si nos conociéramos de siempre, y en ese momento una idea surcó mi cabeza.

No la dije, preferí seguir besando a Aitor, quién posiblemente lleve existiendo en mi corazón más tiempo del que yo llevaba viva.

Sólo fuimos capaces de separarnos cuando escuchamos la puerta de la entrada, era mi madre. Me hice la dormida, y Aitor bajó al salón del chalet.
 
-Se han ido todos ya. Thabata se ha vuelto a desmayar, me he quedado hasta que usted ha vuelto. Ahora me voy. Muchas gracias por invitarme, señora.

Mi madre asintió – Muchas gracias por cuidar de mi hija cuanto puedes. Me alegra saber que tiene amigos tan buenos.

Cuando el joven salió de la casa, y mi madre hubo recogido el salón, subió a mi dormitorio. Me besó la frente y se fue a su dormitorio.

Estaba agotada, por lo que no me costó mucho quedarme dormida. Esa noche fue la primera en mucho tiempo en la que no soñé. Mi corazón que había dormido, inerte desde Halloween, esa noche había despertado.

Por la mañana la visión del mundo había cambiado para mí. Empecé a odiar los colores. Ya nada volvería a ser como antes.

Ese día fue cuando empecé a ver alrededor de la gente una aureola de colores que iba cambiando. 

Aprendí que el verde no simboliza sólo esperanza, y que el negro no es sólo ausencia de color. Ese día aprendí a diferenciar las auras. A saber cuál era el estado de ánimo de cada persona que se cruzaba en mi camino.

Las chicas me vinieron a buscar después de comer. Les conté todo lo que había pasado, el motivo por el que me había desmayado, el sueño, el beso cuando me desperté.