Mis amigos hicieron
lo que debían, primero ayudaron a Aitor a subirme a mi dormitorio, las chicas me pusieron el pijama y me metieron en
la cama. Luego se marcharon. Aitor se quedó en mi dormitorio hasta que volvió
mi madre. Aunque yo me desperté antes de que ella llegara.
-Lo siento…
-Eh, no me tienes
que pedir perdón, estás enferma. Me quedaré hasta que llegue tu madre, por si
necesitas algo.
Asentí y sonreí con
levedad, me senté en la cama, y sin avisar ni nada, Aitor aplastó sus labios
contra los míos. Tuve la misma sensación que en el sueño. Como si nos
conociéramos de siempre, y en ese momento una idea surcó mi cabeza.
No la dije, preferí
seguir besando a Aitor, quién posiblemente lleve existiendo en mi corazón más
tiempo del que yo llevaba viva.
Sólo fuimos capaces
de separarnos cuando escuchamos la puerta de la entrada, era mi madre. Me hice
la dormida, y Aitor bajó al salón del chalet.
-Se han ido todos ya. Thabata se ha vuelto a desmayar, me he quedado
hasta que usted ha vuelto. Ahora me voy. Muchas gracias por invitarme, señora.
Mi madre asintió –
Muchas gracias por cuidar de mi hija cuanto puedes. Me alegra saber que tiene
amigos tan buenos.
Cuando el joven
salió de la casa, y mi madre hubo recogido el salón, subió a mi dormitorio. Me
besó la frente y se fue a su dormitorio.
Estaba agotada, por
lo que no me costó mucho quedarme dormida. Esa noche fue la primera en mucho
tiempo en la que no soñé. Mi corazón que había dormido, inerte desde Halloween,
esa noche había despertado.
Por la mañana la
visión del mundo había cambiado para mí. Empecé a odiar los colores. Ya nada
volvería a ser como antes.
Ese día fue cuando
empecé a ver alrededor de la gente una aureola de colores que iba cambiando.
Aprendí que el verde no simboliza sólo esperanza, y que el negro no es sólo
ausencia de color. Ese día aprendí a diferenciar las auras. A saber cuál era el
estado de ánimo de cada persona que se cruzaba en mi camino.
Las chicas me
vinieron a buscar después de comer. Les conté todo lo que había pasado, el
motivo por el que me había desmayado, el sueño, el beso cuando me desperté.
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