Ese día había quedado con Rebeca
y Jezabel para ir de compras al centro. Mel había quedado con Raúl para ir al
cine. Mientras que nosotras íbamos a ir a cenar con Marcial y Robin. Como
siempre, éste último quería invitar. Él era así de amable con todos.
Cuando caminábamos hacia
Stradivarius y Pull&Bear vi a un chico que se parecía bastante a Aitor,
pero cuando le vi girarse no se parecía en nada a él. Entramos en Stradivarius
y yo me dirigí hacia los vestidos, eran lo que más me gustaba. Siempre que
podía llevaba o falda o vestido, aunque los pitillo con camisetas sueltas
también eran lo mío. Me compré dos vestidos, uno de ellos para noche vieja, de
brillantes rojos.
Cuando salimos de la tienda me
choqué contra alguien, por ir girada hablando con las chicas. Íbamos en dirección
al Burger King que habían abierto recientemente en una calle cercana. Al
girarme, era Aitor.
No pude evitar sonreír – Lo
siento, Aitor, no iba mirando. Y, por cierto, gracias por haberme llevado el
libro a casa.
-Yo no te he llevado nada,
Thabata… Ni siquiera sabía que se te había caído.
Mis amigas miraban al joven de
arriba abajo, estaba claro que las había gustado - ¿Por qué no te vienes con
nosotras al Burger King? Por cierto, yo soy Jezabel, y ésta morena de aquí es
Rebeca. Que ésta tonta nunca nos presenta.
-Claro, así os conozco bien –
Sonrió, era deslumbrante.
Caminamos los cuatro, hablando de
tonterías. Mis amigas se adelantaron y entonces yo le pregunté - ¿En serio tú
no llevaste mi libro?
-Te lo juro, Thabata. Ni siquiera
sé en dónde vives.
Ya llevábamos un rato en el
Burger. Aitor había cogido como 10 hamburguesitas de un euro, Rebeca un King
ahorro de barbacoa y Jez y yo un menú infantil. Siempre lo cogía para llevarle
el muñeco a mi hermana, Margaret. Yo estaba pensativa, no sabía quién podría
haber llevado mi libro. No es que mucha gente supiera en donde vivía. Y tampoco
era tan popular en mi instituto para que la gente quisiera saberlo.
-Thabata, despierta – Dijo mi
nuevo amigo, mientras me sonreía. Qué bien sonaba mi nombre en sus labios.
-Sólo estaba pensando en mis
cosas…
-Una cosa, me ha dicho Robin por
el whatsapp que si luego salimos un rato por el Divino – Habló, por primera vez
en un rato, Rebeca.
-Uff… no creo que me dejen, ya
sabes cómo es mi madre...-Dije angustiada, no quería parecer una niña de cinco
años a quien no dejaban salir ni a la vuelta de la esquina.
- Bueno, entonces yo te llevaré a
casa en mi coche –Dijo el moreno, sin apartar la mirada de mí.
-Y lo de la cena se ha cancelado…
- Continuó hablando mi mejor amiga.
-Entonces si quieres… te acompaño
a terminar de comprar cosas – Me dijo de nuevo el chico.
Miré a mis amigas, ellas me decían con la mirada que me fuera con él,
aunque yo estaba muy nerviosa
– E…est…está bien… – Ellas rieron a carcajadas.
-Entonces vamos – Dijo
levantándose de la mesa y yendo a tirar lo que contenían las bandejas en el
contenedor.
Rebeca y Jezabel me guiñaron un
ojo y ésta última me dijo un ‘Pásatelo
bien’.
Aitor y yo salimos del
establecimiento, yo bastante nerviosa y él alegre, como siempre. Aunque hacía
poco que le conocía, siempre parecía estar alegre. Nos dirigimos a Zara, era mi
tienda favorita. Me compré unos shorts, unos pitillos vaquero gris, una falda
estilo colegiala en color roja, un jersey en blanco y otro en rojo, y unas
medias negras con dibujo que me encantaban. Cuándo íbamos a salir, vi un
vestido precioso, color rojo, era elegante, pero no me quedaba más dinero -
¿Por qué no te lo pruebas? – Y así lo hice. Cuando salí, Aitor se quedó sin
palabras.
Mis ojos verdes brillantes hacían
un bonito conjunto con ese vestido rojo pasión. Mi pelo rubio, rizado y largo
ondeaba por mi espalda, combinando todo como si de un ser perfecto se tratara –
No tengo más dinero. Así que ya vendré otro día a comprarlo. No pasa nada –
Volví a entrar al probador y me puse mi ropa – Venga, vamos.
Caminamos hacia donde estaba su
coche, era un bmv x6 en color rojo. Me monté en el asiento del copiloto y me
abroché el cinturón – Si quieres podemos quedar mañana por el barrio…
-Claro, ¿Por qué no? Además, ya
es hora de que empiece a tener amigos por aquí – Sonrió, agradeciendo la
invitación.
-¿No tienes ningún amigo aquí?
-No, todos piensan que soy un
misterioso. En la uni me llevo bien con todos, pero no salimos por ningún lado
como haría un grupo de amigos.
-Vaya… eso es horrible – Recordé
los tiempos en los que mis amigos
sufrían por mí, cuando ni siquiera salía de casa, y la fuerte depresión me
hacía faltar a clase constantemente. Aunque al final me esforcé y aprobé el
curso. La muerte de mi padre me había hecho olvidarme de la gente de mi
alrededor.
Aitor conducía muy bien, era divertido hablar con él. Igual que a mí,
a él también le encantaban los poetas románticos como Bécquer, Espronceda…
Cuando llegamos a mi casa,
dándole las indicaciones, al ir a bajarme del coche, me agarro de la mano y me
dijo – Pregúntale a tu madre si puedes salir a dar una vuelta después de cenar,
que volverás a casa a las doce – Asentí. La verdad es que sí que me apetecía.
Entré en casa y después de estar
jugando con Margaret y con el muñeco del Burger King, mi madre nos llamó para
cenar. Trotski, como siempre estaba deambulando bajo la mesa para ver si le
dábamos algo de comer.
-Mamá, ¿Puedo salir luego hasta
las doce?
Mi madre suspiró. No la gustaba
que saliera mucho por si acaso me pasaba algo malo. Aunque sabía que ya tenía
una edad y no me iba a pasar nada por salir un par de horas, así que asintió –
Sí, pero por favor, ten el móvil en sonido. ¿Vas a necesitar dinero?
-No sé, pero a lo mejor vamos a
tomar una Coca-Cola al bar.
Ella se sacó un billete de cinco
euros, no me iba a hacer falta más. Y cuando terminé de cenar, salí corriendo
cogiendo mi abrigo. Él aún estaba fuera- ¡Qué rápida!
Me monté en el coche y empezó a
conducir, hasta llegar a una gran casa - ¡Qué bonita y qué grande!
-Es el fruto del duro trabajo de
mis padres – Rió con levedad.
Aparcó el coche y nos bajamos de
él, comenzando a caminar. Charlábamos animadamente, era muy divertido. Podíamos
pasar horas hablando sin llegar a aburrirnos un solo momento. El chico me tomó
la mano cuando entrábamos en unos jardines del barrio.
Un aire fuerte y frío nos
envolvió. Aitor apretó mi mano con fuerza. Yo me moría de miedo y él intentaba
calmarme. Oímos una risa fuerte. Era de mujer – Os he encontrado, ya os lo dije
en su día…
-¿Quién eres? –Grité.
-Tu peor pesadilla –En ese
momento un árbol cayó sobre mí, quedando sepultada bajo él.
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