Todas nos asustamos. No podía estar pasando esto, no hoy. El día que habíamos elegido para poder olvidarnos te todo lo que nos estaba ocurriendo. De repente, alguien dijo muy cerca de mi oído- Búh...- Cuando me giré estaba Marcial detrás mío y otros dos chicos nos miraban por la ventana, que ahora estaba abierta. Eran Robin y Raúl.
-¿Sois tontos? Nos habéis metido un susto de muerte -Dije, mirando a los tres que ahora estaban en el salón de nuestra amiga- Pensábamos que iba a pasar algo... ya sabes.
- No os preocupéis, no os vamos a comer -Rió Raúl, que se dirigía hacia Mel y la estrechaba entre sus brazos.
- Bueno... siendo sincera...yo los invité, pero nunca pensé que nos darían tal susto...
Rebeca arqueó una ceja viendo como su prima besaba a su mejor amigo. ¿Qué estaba pasando aquí? ¿Por qué nadie nos había contado nada? Suspiré y me dirigí al dormitorio de Mel. Para mí la fiesta había acabado. No por nada, si no porque hacía varios años, unos dos, me había gustado Raúl y ahora una de mis mejores amigas estaba con él. Cogí mi bolso y saqué mi único amor. Seguidamente baje al salón de nuevo y me tiré en el sofá, abriendo mi libro por mi leyenda favorita; 'El monte de las ánimas'.
-Tab, siempre estás con tus libros... ¿Así cómo te vas a echar novio? -Me vaciló Marcial.
-La cosa está en que no quiero tenerlo, amigo-Le miré, apartando momentaneamente la vista del libro, para luego volver a hundirme en la historia de Alonso y Beatriz, condenados a un amor trágico, que pronto entendería.
Los demás volvieron a poner la película, Ju-On era una de mis favoritas, después de las de 'Pesadilla en Elm Street' o 'Viernes 13'. Estaba inmersa en mi libro cuando oí un grito, era de Jezabel, que estaba en la cocina. Corrimos hacia donde estaba ella, y cuando vimos el hecho por el cual había gritado ninguna de las chicas tuvimos valor suficiente para ahogar un grito. En la cristalera de un armario de la cocina había escrito, en color sangre, las siguientes palabras: Os estoy vigilando, allí dónde vayáis yo estaré. Para poder haceros el mayor de los daños en todo momento.
Miré a los chicos, que también estaban bastante asombrados, estaba claro que no habían sido ellos. No podía estar pasando... Que es Navidad, joder - Pensé para mi fuero interno.
Estábamos todos alterados por lo que nos fuimos a dormir pronto. Como éramos muchos y ninguno quería dormir solo después de lo ocurrido, dormimos todos en la habitación de Mel. Ésta con un Raúl en la cama. Jezabel, Rebeca y yo dormimos en la cama de debajo de la de Mel, y Marcial y Robin tuvieron la suerte de que la habitación de nuestra amiga era grande, porque pudieron meter un colchón que había en el garage en el suelo y dormir en el con unas cuantas mantas.
Tardé horas en dormirme. Era horrible aquel miedo aterrador, imposible de dormir, además, las risitas de Mel y Raúl no me ayudaban a conciliar el sueño. A eso de las dos, cuando todos se habían dormido, me levanté de la cama y me fui al baño con mi bolso, en dónde me vestí con la ropa que había llevado ese mismo día. Me acicalé y salí con mi libro a dar un paseo por las calles de San Román, dejando antes una nota en el comedor, diciendo que volvería pronto.
A esas horas la calle estaba desierta, no sé por qué, pero mis pies me llevaron hacia el parque en el que habíamos hecho la ouija meses antes. Cuando de pronto me agarraron del brazo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario