Los días transcurrían despacio, consecuentes de todo lo que había ocurrido meses atrás. Desde ese día no había vuelto a ir al parque, ahora parecía hechizado. Cuando cualquiera de nosotros nos acercábamos volvía a aparecer la corriente de aire frío que había cambiado nuestras vidas para siempre. Ninguno de nosotros volvería a ser el mismo desde aquel día.
No había pasado tan siquiera dos horas desde que había estado pensando en lo que había ocurrido en Halloween. Estaba intranquila. Aunque aún era pronto y faltaban varias horas para la quedada de chicas que íbamos a hacer en casa de Mel esa misma noche, empecé a preparar el bolso. Metí un pijama limpio, ropa interior, mi libro favorito; 'Rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer' y algo de ropa para el día siguiente. Que contaba con una falda a palas en color azul oscuro, un jersey en el mismo color, sin cuello, y rodeando al escote había lentejuelas y pinchos, unas medias negras, con el dibujo de un lazo en el muslo, y mis botas favoritas, unas heels negras con pinchos en el tacón que me habían regalado por mi diecisiete cumpleaños.
Seguidamente me vestí con unos vaqueros pitillo, unas camperas en color marrón y una blusa suelta de tirantes en el mismo color de las botas. Me puse mi abrigo y salí de casa, no sin antes despedirme de mi madre, mi hermana menor, de seis años y de mi perro, Trotski.
Caminé buscando una de las tiendas cercanas a la casa de Mel, me habían dicho que comprara unas cervezas para la fiesta y como yo era la que más edad aparentaba...
Cuando por fin llegué a casa de Mel estaba cargada con bolsas en las que había alrededor de 24 cervezas, coca-cola, pizzas y un par de películas alquiladas en el videoclub, junto con palomitas y y varias bolsas de chucherías.
- ¡ Si no te dijimos que compraras tanto ! -Dijo la anfitriona, coreada por las otras dos chicas, Rebeca y Jezabel.
- Bueno, pero pensé que nos vendría bien divertirnos un poco, después de todo lo que nos ha estado pasando ¿No creéis?- Dije sin apartar la sonrisa de la cara.
Jezabel había sido la única de las cuatro que no había estado el día de la ouija, pues ella, de familia judía, era demasiado creyente y no quiso.
Aquel día estábamos; Marcial, Mel, Rebeca, Raúl, Robin y yo. Aparté de nuevo los pensamientos de aquel día y volví al presente.
Habíamos ido al salón de aquel chalet a las afueras de Santander. Los padres de Mel no iban a estar por lo que íbamos a tener la casa para nosotras solas posiblemente todo el fin de semana.
- ¿Y por qué no vamos a comprar algo más fuerte para beber? -Dijo Jezabel, que era la más marchosa de las cuatro, aunque a ojos de sus padres fuera una chica de sobresaliente.
- Jez, tú lo has dicho, así que ahora vas tú -Dije, mirando a mi amiga y dándole mi parte del dinero- Absolut y... ¿Kiwie?
Las otras dos hicieron lo propio, era nuestra bebida favorita, aunque no solíamos beber mucho, a lo sumo un par de copas cuando salíamos. Y eso era difícil, al menos para mí. Mi madre siempre me protegía demasiado, y eran las veces contadas en las que había podido ir a alguna discoteca con el grupo.
Jez salió de la casa, volvería pronto.
Habíamos empezado a preparar la cena, unas cuantas pizzas cuatro quesos, ensalada, y nuestra especialidad, una tarta de chocolate con brandy. Dejamos la cena sobre una mesa de té que había frente al sofá, pusimos el bowl de palomitas y las chucherías más alejado y las cervezas bajo la mesa. Pusimos la película y justo en ese momento apareció Jez.
- Ya estoy... chicas, no veáis como llueve -Dijo mientras se quitaba el abrigo empapado.
-Bueno, vamos a ver... mmm..-Leí el título- Ju-On.
Pusimos el play a la película, después de habernos puesto nuestros pijamas, tapadas bajo las mantas en el sofá de Mel, estábamos cenando mientras veíamos la escena en la que Kayako se arrastra por las escalaeras, cuando de repente se nos fue la luz...
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