-No sigas andando hacía allí –
Era la voz de un chico, pero no era ninguno de mis amigos, al girarme, ni
siquiera le conocía.
-¿Quién eres? – Le dije, mientras
le miraba de arriba abajo, no me sonaba de nada, jamás le había visto por aquí,
ni en el instituto, ni en ningún sitio. Él sonrió de lado.
-Mi nombre es Aitor. Y sé lo que
pasó aquí la noche de Halloween. Estaba paseando a mi perro, y os vi a ti y a
tus amigos jugando a ese juego oscuro…
Bajé la mirada, nos había visto,
¿Y si por nuestra culpa el espíritu también la habría tomado con él?
-No me puedo dormir y he salido a
caminar… hoy ha pasado algo terrible en casa de mi amiga Mel…
-Puedes contármelo si quieres.
-Estábamos todos a los que nos
viste, y Jezabel, ella no estuvo el día de Halloween en el parque, pero también
la han tomado con ella. Los padres de mi amiga no estaban en casa, por lo que decidimos
hacer una fiesta entre nosotros… pero cuando Jez fue a la cocina… había una
pintada en la que ponía que nos iba a estar vigilando para hacernos tanto daño
como pudiera. En sangre…
-Venga, te acompaño a dar un paseo
y hablamos ¿Vale? – Sonrió el chico, era bastante atractivo. Era alto, de
complexión fuerte, moreno, y se había dejado algo de barba, de esa de unos
cuantos días.
Asentí a lo que el joven decía y
comenzamos a caminar, hablando sobre la vida. Él era algo mayor que nosotros,
tenía casi 20 años. Y no era de aquí, se había mudado por cuestiones de trabajo
de su padre. Estudiaba derecho en la universidad de Santander. Estaba en su
segundo año. Y llevaba aquí desde hacía unos seis meses. Su padre era catedrático
de biología. Tenía un hermano de 12 años - ¿Y te gusta Santander? – Pregunté con
algo de descaro.
-Me gusta más que Madrid. El mar
es precioso.
-La verdad es que sí. Oye, me has
caído genial, y podría pasar horas hablando contigo… pero si alguno de mis
amigos se despierta y no me ve, se preocupara… así que me tengo que ir ¿Vale? –Le
sonreí, y me despedí con un beso en la mejilla, seguido, eché a correr.
Cuando llegué a casa de Mel eran
las seis, mis amigos estaban levantados y me escudriñaron con la mirada - ¿Dónde
has estado? – Preguntó Robin, que era mi mejor amigo y el que más se había
preocupado por mí nunca.
-Conociendo a un tío guapísimo –
Me tiré en el sofá, percatándome en ese momento que no le había dado ni mi número,
y no tenía mi libro – Mi libro… le he perdido…
Al día siguiente volví a casa a
ver a mi madre y a mi hermana. Las besé en la mejilla. Cuando subí a mi
dormitorio, encima de la mesa en la que tenía mi portátil, estaba mi libro.
Fruncí el ceño, ¿Cómo había llegado hasta allí? Bajé las escaleras deprisa y le
pregunté a mi madre – Mamá, ¿Dónde has encontrado mi libro? Pensé que lo había
perdido…
-Lo ha traído un chico ésta
mañana, dijo que lo había encontrado en el suelo.
Sonreí, él sabía en dónde vivía.
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